23 febrero 2016

Francisco Vargas, "Retrato de Poeta"


RETRATO DE POETA
“Escribo
para que el agua envenenada
pueda beberse”.
Chantal Maillard


     La poeta viste de oscuro, cabello negro azabache, piel blanquecina poco acostumbrada al sol, gafas para enfocar palabras escritas, color en la montura como contraste con el resto de su figura. Lee en un tono bajo, con ritmo monótono pero no incómodo, melodía de mar tranquilo. Lee deprisa, pasa las páginas despacio. Ojos azules que miran a un punto inconcreto. La poeta se incomoda con las fotos, arquea la espalda como el lomo erizado de un gato. La poeta esboza una sonrisa arcana, después lee un fragmento de su libro. “La mente humana es un caballo desbocado”, dice. Otras veces permanece seria mientras hojea con su mano pálida hasta encontrar las líneas adecuadas. Su cabeza inclinada a la derecha le da un toque de autoridad a sus palabras, también las viste de una sensibilidad herida. La poeta sesea y acuna, aunque de una manera sutil, su lengua materna extranjera. Mientras escucha una pregunta lejana parece una virgen transida en un descendimiento de la cruz de una tabla flamenca. La tercera parte de su libro se titula “El desierto” y pienso que es como si fuera una metáfora de ella misma.

© Francisco Vargas, 11.2.16

18 enero 2016

Mario Sampedro, "Aventura fue caminar..."




Aventura fue caminar,
pulsando nuestros corazones
enredados, con la gravedad despreocupada
de dos jóvenes viandantes.
Era el rito sumo de la felicidad.
Bastaba el testimonial pavimento,
tan lleno de otras historias,
de otras pisadas, de otros aromas,
de otros jóvenes anteriores,
igualmente enamorados;
en este punto, éramos nosotros,
experimentando, torpes,
lo que mañana nuestros hijos,
desconocidos, en cualquier otra acera,
en cualquier otra latitud terráquea
volverían, primeros, a experimentar.

© Mario Sampedro, 2016


23 diciembre 2015

Mario Sampedro, "No seré yo"


No seré yo

No seré yo el que costee
las bahías de tu rostro.
No seré yo el que erice
las vides de tu boca.

No, no seré yo.

No seré yo el que contemple
tus delicados amaneceres.
No seré yo el que remiende
tus lágrimas a mis ojos.

No, no seré yo.

No seré yo el guardián,
vigía, de tus sueños.
No seré yo el compañero,
amante, de tu lecho.
No, no seré yo.

No seré yo quien
inmortalice tu hermosura.
No seré yo quien
entone el «no seré yo».

No, no seré yo.



 © Mario Sampedro, 2015

30 marzo 2015

Antonio Carbonell Sánchez

I
Donde prenden las gotas de lluvia,
y su sucio afán de pulcritud.
Por acuerdo tácito
el salvoconducto de la luz,
eso de parecer cristal o mica.
No hacer concesiones
ni al aire ni al sonido,
solo mutismo de cuarzo divisorio.




II
Para esta eternidad, esa música
que hiere de tan bella
la desnuda excusa contenida
en el tacto del barro
constructor del cuenco efímero
la vasija o el cántaro,
para esta improbable eternidad
con la que validamos
la sonoridad del instante,
consumase preferentemente.



© Antonio Carbonell Sánchez, 2015

12 marzo 2015

Pepe Criado, "Mientras regresas"


Mientras regresas

A Chago Morales y César Huapaya


¡Si a un hombre es la vida
quien le alza! ¡Si en un día
ese hombre de la alegría
vuela ausencia estremecida!
¡Si vuelve a la esencia unida!

Ese hombre que pueblo, canto
fue. Ese hombre que tanto
amó las horas y el calor
ahora para siempre es sol,
verso ya para más canto!

© Pepe Criado (Publicado en EL RODANTE, n.51. Lima, Perú, 2015.)

Imagen: “Man of letters”  © 2011 Diane Wiseman Linscott

29 agosto 2014

Francisco Vargas, "La casa amarilla"


La casa amarilla

La casa amarilla no es de mar ni es de tierra,
es una isla de manos entrelazadas.
... La tarde se retira y deja siluetas de amantes,
bosques íntimos con hojas de lava.

Uno se pregunta quién contará nuestra historia
cuando dejemos una casa vacía,
fotografías desordenadas y facturas
por revisar.
... Las pisadas se vuelven frías en la noche,
pero es necesaria la oscuridad para ver
más allá de tu estrella.

Uno se pregunta el sentido de un jardín cerrado
con balcón y el quejido meditabundo de las olas,
tan irreal como un faro en la niebla,
como un torrente de palabras que nacen y mueren
dejando unos labios encanecidos,
ancianos.
... Los dedos de sombra se alargan como frutas maduras,
una brisa eriza el talle de las palmeras.

Uno se pregunta, 
envuelto en noche,
por qué una casa amarilla
condenada al derribo y al olvido
no es
ni de mar ni de tierra.


© Francisco Vargas, 25-08-2014

10 agosto 2014

Virginia Fernández, "El árbol"



el árbol

me sentí árbol
agazapada esperando el golpe en el costado,
caballos sin espuelas corren hacia mí
como amantes condescendientes,
animados bajo esa luz de cielo azul
bajo el cálido sol de un verano en el norte

mis brazos abiertos esperando el abrazo
el labio esperando el labio
la mano a la mano

en los días claros corro hacia ti
y tengo la superficie del mundo por delante
mientras se emborrachan los enamorados
y nosotros nos amamos con un amor naciente

© Virginia Fernández, 2014

22 julio 2014

Álvaro Fernández, "XIX"

XIX

tramperos del norte que narraron el frío
samuráis que versaron el acero
pinceles que conjuraron la niebla
partituras en lengua universal
viajeros en busca de la flor azul

mundo desvanecido
aún llueves como un falso sueño
en la noche de un ayer
igual a nuestras noches
de triste prosa destinada al olvido


© Álvaro Fernández, 2014

23 junio 2014

Virginia Fernández, "hoy".


hoy

nadie te ayudará en tu soledad

temo cansarme de las plantas
de este jardín

nadie te ayuda a levantarte

salvo los animales
en la soledad de eslabón perdido
o de pie en el precipicio

déjame soñar 
hoy es sábado
hoy 

© Virginia Fernández, 2014

04 junio 2014

Francisco Vargas, "Origami"



ORIGAMI

Viendo la gracia y soltura, amor,
con que en nuestra cama
me doblas, me estrujas,
me presionas, me deslizas,
me arrugas, me planchas,
me recortas y me pintas;


sintiéndome entre tus manos, amor,
como conejito, grulla, gato, rana,
cestilla de frutas, tigre, lirio,
árbol en otoño, soldadito o filigrana;

del mismísimo Japón, amor,
te traería el más hermoso
tratado de origami;

pero temo, amor, que aprendas
a hacerme muy grandes alas
y que una brisa envidiosa
de ti pueda alejarme una noche
en que dejes abierta la ventana.


© Francisco Vargas, 22.04.2014